Como la brisa en la cara al despertar...
Perdida en medio de toda esta maraña de sentimientos. De esta voraz sensación de tristeza multiplicada por toda la rabia que me hace sentir la impotencia. Con esas ganas locas de subir al coche y acelerar sólo mirando hacia delante y dando algún que otro bandazo, a 200 kilómetros por hora... porque no quiero darme cuenta de lo que pasa alrededor. De repente aparece alguien que te dice que tranquila, que aflojes. Y cuando aflojas, te das cuenta de las cosas.
Me doy cuenta de que en la estantería, detrás de todos esos libros hay un marco lleno de polvo con una foto en la que salgo con la mejor de mis sonrisas y recuerdo que esa soy realmente yo. Que está sonando mi canción favorita... que hace una noche preciosa. Que él, se fugaría conmigo ahora mismo a cualquier parte del planeta.
Cosas pequeñas en las que uno no repara cuando va a toda velocidad... y es entonces cuando soy consciente de que eres tú quien me enseña a ir despacio. Y eso me sienta bien...





